Ella Baila Sola Capítulo VIII: la sabiduría que necesitamos está dentro de nosotras

 Mayra Couto  y 'Ella Baila Sola' en el capítulo 8 de su historia.

 

Tal vez, la sabiduría que necesitamos está dentro de nosotras mismas.

Estaba a punto de cumplir once años cuando empecé a menstruar. No me dolió, no pensé que era sangre, pensé lo peor. Automáticamente mi mamá me felicitó y me enseñó cómo usar una toalla higiénica. Es lo primero que nos presentan.

Para la segunda regla, ya fue distinto. Los dolores empezaron a aparecer y así, hasta que a los 17 descubrí que tenía un quiste en el útero.

A partir de ahí, mi relación con la regla era de odio. Durante mi adolescencia, solía decir que ojalá nunca reglara, que ojalá fuera hombre. Me pasaba siempre el primer día de sangrado en casa llorando de dolor o simplemente retorciéndome.

Cuando vine a vivir a Cuba, decidí que, con el clima caribeño, iba a intentar usar la copa menstrual. Dos compañeras de clase me dijeron que era muy cómoda y que no tuvieron ningún problema.

En mi primer día usándola, les pregunté: “¿Se debe sentir?”. Inmediatamente me dijeron que no, que si la sentía al reír o toser, me la había puesto mal. Desde ahí mi vida menstrual ha mejorado exponencialmente.

Es cierto que, la primera vez que una se la pone, no hay certeza de nada. Sobre todo para mujeres que, como yo, no están acostumbradas a introducir nada por el canal vaginal. Esto hace que no lo conozcamos.

Y, hasta donde tengo entendido, cada mujer es distinta. La copa puede permanecer dentro hasta por 10 horas. Sacarla es lo más fácil. Se lava con agua y se vuelve a introducir 10 horas más. Incluso podemos usarla mientras dormimos.

Todo iba perfecto con mi copa. Pero me dio mucha curiosidad escuchar a otras mujeres que la usen. Ahí fue donde mi vida realmente cambió.

Usar la copa ya me parecía más limpio, más cómodo y más económico, además de ecológico, pero esa no fue la mejor parte. Encontré que muchas mujeres usaban esa sangre menstrual en vez de botarla. Mi primer intento fue mezclarla con un litro de agua en una botella usada y regarla sobre mis plantas.

Resulta que la sangre menstrual tiene células madre y un montón de beneficios. Entonces mis plantitas dieron flores: tres flores en dos noches. Nunca habían dado flores. Me parecía magia en ese momento. ¿Cómo hay tanta vida en esta sangre que he botado durante toda mi vida? ¡Toda mi producción de sangre menstrual ha sido desechada! ¡Qué desperdicio!

Y ahí comencé con mi etapa de exploración. Me di cuenta de que, si desde niña, hubiese tenido esta posibilidad de curiosear mi cuerpo, seguro tendría más sabiduría ahora.

Lo importante, compañeras, es que ahora me entretengo aprendiendo de mí misma y me sorprendo gratamente de lo que pasa en mis adentros.

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