Descubre el poder del ácido orgánico capaz de reducir las arrugas finas en la piel
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Uno de los pasos clave para obtener una piel radiante y luminosa es la limpieza facial. De acuerdo al tipo de piel cada quien debe seguir una rutina de skincare especializada que ayude a mejorar el aspecto de su dermis. Al eliminar las células muertas se estimula creación de nuevas que brinden un aspecto más suave y terso. En esa línea, los ácidos juegan un rol importante dentro de los parámetros que debemos aplicar, sobre todo, cuando se trata de atenuar los signos de envejecimiento en el rostro.
Al respecto, los alfa hidroxiácidos son los más empleados en la industria cosmética pues funcionan a modo de exfoliantes químicos que sirven para mejorar la textura y apariencia del cutis. A continuación, te contamos sus múltiples beneficios y de qué están compuestos para conocer a ciencia cierta cómo influyen a bienestar de nuestro cutis.
“Son ácidos orgánicos de origen natural, presentes en diversos frutos y vegetales e incluso en nuestro organismo. Aplicados sobre la piel han demostrado su capacidad de estimular la descamación natural y la renovación de la capa más externa de la piel reduciendo arrugas finas y las manchas. También mejoran su textura, aumenan la luminosidad y ayudan a evitar lesiones acneicas”, explicó Beatriz Fernández, product manager de Neostrata, marca pionera en cosmética formulada con AHAs.

Su nivel de eficacia y tolerancia en la piel dependerá de factores como la concentración de los elementos y la cantidad de Ph que contenga el cosmético según su fórmula. Se recomienda llevar un uso progresivo, sobre todo, en aquellas dermis con problemas dermatológicos o de alta sensibilidad. Existen muchas moléculas que tienen la estructura de alfahidroxiácidos, pero entre los más populare se encuentran el ácido glicólico, el cítrico, el láctico y el mandélico. “Su uso continuado mejora en muy poco tiempo la textura de la piel y la deja más lisa, suave y luminosa”, afirma Fernández.

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“Los AHAs rompen el ‘cemento’ que une las células para así ayudar a que se desprendan y se renueven. También impiden que la dermis pierda agua, de ahí su efecto hidratante. Luego, cada uno tiene una particularidad. El ácido glicólico es el que menor tamaño de partícula tiene, por lo que es capaz de penetrar más rápido que cualquier otro. Aunque también es el que más irrita, por ésta misma razón. Se emplea para tratar las arrugas, el acné, eliminar células muertas y paliar las manchas. Es imprescindible usar un factor de protección solar después del tratamiento, ya que la piel queda más fina y desprotegida. El ácido láctico está especialmente recomendado para pieles sensibles, que no toleran bien otro tipo de ácidos como el glicólico, y pieles secas, ya que aumenta las ceramidas y la capacidad de retener agua. El ácido mandélico se recomienda para tratar la rosácea, infecciones e inflamaciones y es bastante común encontrarlo en cosméticos hidratantes, exfoliantes, antiacné y antiinflamatorios”, refirió Elena Ramos, farmacéutica y codirectora del centro de belleza madrileño The Secret Lab.
Entre las propiedades que poseen se encuentra que sirven como exfoliantes, hidratantes -minimizan la pérdida de agua en la epidermis-, despigmentantes -favorecen a una homogenización de la piel-, antiacnéicos, suavizan la piel y ayudan a atenuar las líneas de expresión y arrugas gracias a la renovación celular. “Para que funcionen lo único necesario es ser constantes en la aplicación. Y es importante dar con la textura del producto ideal para cada tipo de piel, como gel, crema solución, gelcream… Lo único imprescindible en una fórmula con AHAs es que estén formulados a pH por debajo de 4,2”, afirma la especialista de Neostrata.






