Antonella Gularte revela por qué tantas mujeres siguen esperando para emprender
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El Global Entrepreneurship Monitor 2024/2025 confirma algo que Antonella Gularte observa de cerca: en América Latina, una de cada tres mujeres desea emprender, pero una proporción significativamente menor logra sostener lo que construye más allá de los primeros años. La brecha no está en la intención. Está en algún otro lugar. Y ese lugar es más difícil de señalar que el acceso al capital o la falta de formación técnica, aunque ambas cosas importen y nadie lo discuta.
Lo que Antonella Gularte ve repetirse no es descuido ni falta de compromiso. Es algo más específico y más difícil de nombrar: mujeres que hacen todo lo que, en teoría, deberían hacer y que aun así encuentran la manera de no llegar. Que cobran menos de lo que deberían. Que aceptan condiciones que no aceptarían si se evaluaran con la misma vara que usan para otras personas. Que postergan decisiones esperando una señal que nunca aparece. Que siguen preparándose cuando, en realidad, ya están listas para dar el siguiente paso.
Antonella Gularte cree que muchas veces el problema no está en la capacidad ni en el conocimiento. Está en el lugar desde el que se construye. En la idea, muchas veces silenciosa, de que ciertas cosas son para otros y no para una misma.
“El techo de una mujer casi nunca es la estrategia: es lo que cree que merece”, dice Antonella Gularte. La frase puede sonar simple, pero tiene consecuencias concretas. Una mujer que cree que no merece cobrar lo que corresponde probablemente no lo haga, aunque el mercado justifique ese valor. Una mujer que cree que el éxito de otras personas es algo lejano o ajeno tomará decisiones diferentes de quien cree que también tiene derecho a ocupar ese lugar.
Antonella Gularte llegó a esa conclusión desde su propia experiencia antes de verla repetirse en otras mujeres. No la encontró en un libro de psicología ni en un curso de desarrollo personal. La reconoció en su manera de tomar decisiones y, más tarde, en las historias de quienes llegaban a trabajar con ella.
Un informe de ESADE sobre emprendimiento femenino, publicado en 2025, llegó a una conclusión parecida. El estudio señala que uno de los principales frenos no está en las capacidades reales de las mujeres, sino en lo que ellas mismas creen sobre esas capacidades. La alta autoexigencia, el bajo autorreconocimiento y una mayor aversión al riesgo aparecen como factores que terminan condicionando decisiones importantes mucho antes de que existan problemas de negocio.
La distancia entre lo que una mujer sabe hacer y lo que cree que puede hacer puede ser enorme. Y mientras esa distancia exista, ninguna herramienta alcanza por sí sola para cerrarla.
Por eso, cuando habla de cómo salir de ese lugar, rara vez menciona más información o más cursos. Dice que lo que hace falta es otra cosa. Resultados pequeños que demuestren que el movimiento es posible. Decisiones que permitan comprobar que una puede elegir y no solo reaccionar. Personas que acompañen el proceso cuando aparecen las dudas y el impulso inicial empieza a perder fuerza.
“El primer paso real no es el dinero, es la decisión”, dice Antonella Gularte. “Casi todas esperan tener todo resuelto para arrancar, y esa espera es justo lo que las mantiene en modo supervivencia”, agrega.
El capital puede conseguirse. La claridad se construye. El miedo se atraviesa. Lo que nadie puede hacer por otra persona es tomar la decisión de moverse.










