Perrita vagabunda protege a un anciano con Alzheimer que se había perdido

Esta es la historia de Francisco y Estrella. Él, un anciano diagnosticado con Alzheimer; ella, una perrita vagabunda con mucho corazón y un gran instinto de protección.
 

Sus caminos se cruzaron una noche fría de finales de agosto en Burriana (Castellón). Francisco, de 75 años, salió de su casa sin que nadie se percatara hasta pasada las horas. Tiempo suficiente para que se perdiera en la lejanía de su casa. Aunque, no importa que se hubiera perdido más cerca, el Alzheimer con el que lucha cada día no le habría dejado retornar a su hogar.

Francisco caminó desorientado y sin rumbo hasta llegar a una zona de naranjos en la que quedó atrapado en un socavón de fango. Al no tener fuerza física suficiente, no pudo salir. Fue en ese momento cuando apareció 'Estrella', una perra de raza pitbull de cuatro meses que también andaba entre naranjos.

No se conoce su procedencia, si es abandonada o vagabunda. El caso es que fue la salvación del anciano aquella noche. Estrella se percató de que Francisco necesitaba ayuda y no dudó en acercarse y acostarse junto a él para darle calor. De esta forma lo mantuvo durante las 15 horas que la Policía Local tardó en encontrarlos.

La familia de Francisco no se había olvidado de él, pero tomó la dirección contraria a donde estaba, precisamente al iniciar con la búsqueda. Después de no encontrar ni una pista sobre él, se inició un rastreo masivo en Burriana: 1.000 bicicletas, 60 vehículos, familiares y amigos llamándolo por las calles; sin embargo, nadie imaginó que Francisco había salido del pueblo por su propia iniciativa.

El adulto mayor fue hallado con algunos rasguños e hipotermia. Él no estaba solo, ni lo volverá a estar. Incluso cuando se lo llevaron en la ambulancia, la perrita le siguió y se montó con él. Pero al no tener dueño, había que llevarla a la perrera. A lo que la hija de Francisco se hizo cargo, se la quedaron. Y así fue como Estrella ganó una familia, gracias a su gran acto de bondad. De ahí su nombre; según María Gracia (hija de Francisco), para su padre fue "su buena estrella en esa noche oscura". 

La madrugada del suceso, a Francisco lo llevaron al hospital y a Estrella al veterinario. Días más tarde, tras curar al anciano y desparasitar a la pequeña Pitbull, ambos se reencontraron. Estrella corrió hacia Francisco como si lo conociera desde siempre. Lo primero que hizo fue lamerle las heridas que todavía tenía en las extremidades inferiores.

Su hija, María Gracia, no pudo contener las lágrimas de emoción al ver esta inusual escena. Desde ese momento, los protagonistas de esta historia con final feliz, viven juntos en el mismo hogar, donde estamos seguros vivirán rodeados de mucho amor hasta sus últimos días.

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