El creador digital Yari Taft y su crítica al mito del talento natural en tecnología

Yari Taft aboga por cambiar la mentalidad de los programadores, enfatizando que la resistencia a habilidades blandas y negociación limita el acceso a oportunidades globales y sueldos competitivos.

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    Taft señala que la falta de habilidades blandas y una estrategia profesional adecuada son factores clave que afectan la empleabilidad de los desarrolladores en el mercado global.

    Durante años, el sector tecnológico en América Latina cultivó una narrativa cómoda: si eres lo suficientemente bueno programando, el mercado eventualmente te recompensará. La historia suena meritocrática y tranquilizadora. También es incompleta.

    La industria formó generaciones de desarrolladores obsesionados con dominar frameworks, patrones de diseño y estructuras de datos, pero rara vez se habló de empleabilidad estratégica. Ninguna carrera universitaria enseña cómo posicionarse frente a un mercado internacional. Ninguna asignatura explica cómo interpretar una oferta laboral global ni cómo negociar desde otro continente.

    En ese vacío cultural es donde Yari Taft comenzó a incomodar

    Yari no cuestiona el valor del conocimiento técnico. Es ingeniero en sistemas y su propia trayectoria profesional estuvo anclada en años de estudio riguroso. Lo que cuestiona es la idea de que la técnica por sí sola basta. Según el ingeniero, el problema no es la falta de talento, sino la resistencia a desarrollar habilidades que muchos programadores consideran ajenas a su identidad profesional.

    En comunidades técnicas suele existir cierta desconfianza hacia todo lo que suene a marketing, ventas o posicionamiento personal. Hablar de “venderse” genera incomodidad. Para algunos, incluso desprecio. Sin embargo, el mercado global no premia únicamente al que sabe más, sino al que logra comunicar mejor el valor que aporta.

    Yari Taft sostiene que gran parte de la brecha salarial entre desarrolladores latinoamericanos y sus pares internacionales no se explica por capacidad técnica, sino por una combinación de mercado y mentalidad. Mientras en Estados Unidos un desarrollador puede ganar entre 20.000 y 40.000 dólares mensuales en posiciones bien remuneradas, muchos profesionales en la región continúan atrapados en salarios locales que no reflejan su potencial global.

    La reacción frecuente ante esa diferencia suele ser el escepticismo. “Eso es para el uno por ciento”. “Seguro trabajan el cuádruple”. “Es imposible desde acá”. Yari Taft ha escuchado esos argumentos repetirse con insistencia. Para él, el patrón no es casual. Es una manifestación de mentalidad de escasez.

    El cuestionamiento que plantea Yari Taft no es técnico, es cultural. ¿Por qué en una industria que evoluciona con rapidez persiste la idea de que invertir en habilidades blandas o en estrategia profesional es irrelevante? ¿Por qué se normaliza dedicar cientos de horas a perfeccionar código, pero se considera sospechoso invertir tiempo o dinero en aprender a negociar o posicionarse?

    El fenómeno no es exclusivo de América Latina, pero adquiere particular intensidad en mercados donde históricamente los salarios fueron bajos. La adaptación al mercado local terminó generando un techo mental. Si el entorno paga poco, se asume que ese es el valor real del trabajo.

    Taft argumenta que el talento técnico latinoamericano compite en condiciones globales, pero la mentalidad no siempre acompaña. El dominio del inglés, por ejemplo, sigue siendo un obstáculo recurrente. No por falta de capacidad intelectual, sino por falta de decisión estratégica. El mercado internacional no espera. Selecciona a quienes pueden operar en su idioma y en su lógica.

    En su experiencia, la resistencia más fuerte no proviene del desconocimiento técnico, sino del ego profesional. Reconocer que el problema no está en el código sino en la estrategia implica aceptar que el modelo tradicional de carrera puede estar incompleto. Esa aceptación no es cómoda.

    Taft insiste en que la empleabilidad internacional no es un privilegio reservado a perfiles excepcionales. Es un sistema con etapas definidas que puede entenderse y entrenarse. Pero requiere abandonar la idea romántica del talento puro como única variable relevante.

    La industria tecnológica está entrando en una etapa donde la inteligencia artificial automatiza tareas repetitivas y eleva el estándar hacia perfiles capaces de comprender sistemas en profundidad. En ese escenario, la combinación de conocimiento técnico, comunicación efectiva y lectura de mercado será decisiva.

    La pregunta no es si el talento latinoamericano es suficiente. Lo es. La pregunta es si está dispuesto a competir bajo reglas globales. Yari Taft decidió que sí. Y en esa decisión hay una invitación incómoda para una comunidad que, durante años, prefirió pensar que el problema estaba siempre afuera.

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