La fibra que sobrevivió a la extinción: el sorprendente material que desafió al paso del tiempo
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En la década de 1970, la vicuña estuvo cerca de desaparecer de los Andes peruanos. Su población se había reducido a aproximadamente cinco mil ejemplares, poniendo en riesgo a una especie estrechamente ligada a la historia de las comunidades altoandinas y reconocida como símbolo de la riqueza animal del país, tal como refleja su presencia en el Escudo Nacional.
Frente a esta amenaza, el Estado peruano impulsó medidas para proteger su hábitat y regular el aprovechamiento de su fibra. A este esfuerzo se sumaron empresas del sector textil, así como las comunidades altoandinas encargadas del manejo y cuidado de la especie. Este trabajo conjunto permitió avanzar en su recuperación y construir una cadena en la que el aprovechamiento responsable de la fibra contribuye también a su conservación.
Actualmente, ese recorrido se refleja en KUNA Vikuna, la nueva colección de la popular marca integrada por abrigos, sacos, suéteres, cárdigans, capas, estolas, chalinas y gorros elaborados íntegramente en el Perú. Estas ya se encuentran disponibles en tiendas. Además, en la sede de Basadre, los clientes pueden acceder a un atelier donde es posible desarrollar piezas personalizadas con telas exclusivas de vicuña. Además, detrás de cada pieza existe una historia que comienza mucho antes de la confección, en la protección de la vicuña y en el conocimiento de quienes han convivido con ella durante generaciones.

La práctica ancestral detrás de cada pieza
El recorrido comienza con el Chaccu, una práctica ancestral mediante la cual las comunidades forman una cadena humana para reunir a las vicuñas y conducirlas temporalmente hacia un espacio acondicionado para la esquila. Allí, la fibra se obtiene siguiendo protocolos orientados a resguardar el bienestar del animal, que es liberado inmediatamente después. El proceso respeta también el ciclo natural de la especie, ya que cada ejemplar solo puede ser esquilado una vez cada dos años.
Tras la esquila, la fibra pasa por el descerdado manual, un trabajo minucioso que consiste en retirar las fibras más gruesas del vellón para conservar únicamente las más finas. Realizada principalmente por integrantes de las comunidades altoandinas, esta labor mantiene vigente un conocimiento transmitido entre generaciones y genera ingresos adicionales para las poblaciones involucradas.

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Una cadena que genera oportunidades
Las comunidades campesinas cuentan con derechos de aprovechamiento sobre las poblaciones de vicuña y participan directamente en esta cadena de valor. Actualmente, 70 comunidades se benefician de este modelo, que genera ingresos a partir del manejo y la comercialización legal de la fibra y, al mismo tiempo, crea incentivos para continuar protegiendo a la especie y el ecosistema que habita.
La trazabilidad acompaña este recorrido desde la compra de la fibra a las comunidades hasta el lavado, la transformación y la confección final. El proceso es supervisado por SERFOR y registrado en el Registro Único de Camélidos Sudamericanos Silvestres del Perú (RUCSSP), mientras que la certificación CITES acredita el origen legal de la fibra y autoriza su comercialización internacional de manera controlada. Cada pieza elaborada cuenta también con una etiqueta numerada que certifica su autenticidad y procedencia.








