A sus 71 años, don Luis Vásquez vive frente al mar en Trujillo, sustentándose con pesca artesanal y alimentos que comercializa.
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Un hombre identificado como Luis Vásquez vive desde hace 26 años en un acantilado frente al mar, en el balneario de Puerto Morín, a unos 45 km al sur de Trujillo, en el distrito de Virú, La Libertad.
Ermitaño y hábil en la construcción, logró levantar su hogar sobre una plataforma firme y plana utilizando sus conocimientos y materiales que encontraba en la zona, creando así un refugio único en contacto directo con la naturaleza.
Durante la conversación, el adulto mayor mostró detalles de su hogar y contó cómo llegó a vivir frente al mar. "Yo llegué en el año 98, aquí. El instinto me puso aquí. Me acostumbré. Vivo tranquilo y no me enfermo (...) Vivía en la ciudad y no me acostumbraba. He ido a la selva y nada. Me ha cambiado de vida. Aprendí a cuidar mi cuerpo (...) Mis hijos me querían llevar pero le dije que no. Acá estoy bien. Aquí vivo en movimiento", comentó en entrevista para el canal de YouTube Dilo Nomás.
Don Luis explicó que todos los materiales que empleó para construir su vivienda, como plásticos, palos, totora y llantas, los recogió de las orillas del mar, pasando horas seleccionando lo que podía reforzar la estructura. "De la orilla traía todas las maderas al hombro. Cuando viene la abundancia (la marea alta) bota mucha cantidad (de elementos). Esto (mi hogar) está forrado. Tiene mayas y todo", relató.
En cuanto a la cocina, esta se encuentra fuera de la casa. La levantó con piedras y utiliza leña que recoge en la zona para encender el fuego y calentar sus alimentos. "Ahí prendo mi candela y pongo mis ollas. El humo no me malogra (mi morada) porque está al aire libre", indicó.
Para protegerse del frío, don Luis colocó mallas de pescar como paredes y las cubrió con plásticos, lo que le permite resguardarse del viento y de las bajas temperaturas.
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Al vivir a pocos pasos del mar, don Luis basa gran parte de su alimentación en los productos que obtiene del océano, dedicándose a la pesca artesanal. Entre las especies que más consume están el róbalo, la chita, el lenguado y la pinta, además de otras que captura según la temporada.
Para complementar su dieta, vende parte de lo que pesca, obteniendo ingresos que le permiten comprar otros alimentos necesarios para su día a día. "El pescado lo vario con menestras y verduras. Eso es fundamental", confesó.