La falta de inversión ha frenado su desarrollo como sitio turístico y económico en esa playa.
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En 1992, hace más de treinta años, Bolivia y un país vecino de Sudamérica firmaron un acuerdo para reducir el aislamiento geográfico del país andino. Este acuerdo permitió a Bolivia un acceso de cinco kilómetros al océano Pacífico, con una vigencia de 99 años renovables, hasta el 2091. Este pacto fue un paso significativo hacia la integración regional, ofreciendo una solución temporal a las demandas históricas de Bolivia por un acceso marítimo.
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No obstante, a pesar de las esperanzas iniciales, el área cedida se encuentra en estado de abandono, carente de las infraestructuras prometidas. La región, que se esperaba se convirtiera en un motor comercial y turístico, actualmente es un desierto donde la falta de inversión ha dejado atrás a los pescadores locales. Este estado de abandono continuo genera dudas sobre el futuro de esta limitación geográfica.
Fue Perú quien otorgó a su vecino andino un pequeño espacio costero al sur de Ilo, en el departamento de Moquegua. Esta zona, conocida como Bolivia Mar, cubre cinco kilómetros de largo y 800 metros de profundidad. El acuerdo bilateral de 1992 legalizó este traspaso, aprobando el uso del territorio.
Este acuerdo entre Alberto Fujimori y Jaime Paz Zamora fue un hito en la cooperación regional, ofreciendo un uso del área durante 99 años, con posibilidad de renovación.
Con todo, el pacto especificó que no habría transferencia de soberanía, manteniendo Perú la propiedad. La franja se debía usar con fines turísticos y comerciales en la zona franca. Sin embargo, la falta de inversiones ha impedido que la visión original se materialice en beneficios económicos.
Bolivia Mar se presenta hoy como un área desértica sin infraestructura sólida, un sendero escaso conecta la vía costanera con el océano. Un monumento metálico de 21 metros permanece, simbolizando la unión entre las naciones, pero el salitre lo ha deteriorado severamente.
La inactividad se debe a la falta de inversión estatal y privada, además de restricciones legales que prohíben la soberanía. Informes indican que "el estado del terreno y el fuerte oleaje hacen el lugar poco atractivo para el recreo", disminuyendo su atractivo económico. Destinado solo a recreación y no a comercio, el proyecto quedó en desventaja ante otros puertos, convirtiéndose en un símbolo marginal en la región.
Bolivia está diversificando su logística mediante acuerdos con Argentina y Brasil, facilitando el tránsito de mercancías al Atlántico sin exigir soberanía territorial. Esto se realiza aprovechando las sólidas infraestructuras de países vecinos para impulsar su economía globalmente.
A la vez, Bolivia persiste en su reclamo ante Chile luego del fallo de la Corte Internacional de Justicia que decidió que Chile no tiene obligación de negociar un acceso marítimo. Este asunto sigue vigente en la diplomacia, aún ligado a la histórica Guerra del Pacífico, buscando revertir restricciones impuestas en el siglo XIX.
Además, Bolivia explora rutas alternativas fuera de Perú para mejorar su conectividad. Estos esfuerzos buscan superar las limitaciones de su situación geográfica, convirtiéndose en iniciativas para la integración económica y la soberanía simbólica en la región.