Leydi Dávila Mechato enfrenta serias acusaciones de extorsión asociadas a una banda criminal en San Juan de Lurigancho, todo tras perder su celular.
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En la localidad de Mocupe, a pocos kilómetros de Chiclayo en Lambayeque, Leydi Dávila Mechato, madre de dos pequeños, se encuentra inmersa en una difícil situación tras ser acusada de formar parte de la banda criminal El Loco Aroni. Esta organización se dedica a extorsionar a conductores en San Juan de Lurigancho. Según la Fiscalía, desde 2024, Leydi, empleada en una empresa agrícola, habría recibido S/470 en depósitos relacionados con el cobro de cupos.
Enfrentándose a una solicitud de prisión preventiva por 9 meses, Leydi está detenida desde el jueves 4 de junio. Su tía asegura que es sorprendente que esté involucrada, dado que nunca ha viajado más allá de su región, mientras que los actos delictivos se realizan en Lima; esto sugiere una evidente suplantación de identidad.
En una conversación con Latina, la tía de Leydi explicó que en 2024, la joven perdió su celular. Al tratarse de un modelo básico, no lo bloqueó ni denunció su pérdida. Este hecho podría ser clave, ya que su defensa sostiene que delincuentes usaron su descuido para crear una billetera digital con su información.
“Ella es inocente. Usaron sus datos para hacer una billetera digital y supuestamente recibía dinero ahí. No sabemos quién realmente cobra. Ella trabaja en una empresa agrícola, vive dedicada a eso (...) La arrestaron con esposas. Su error fue no denunciar la pérdida de su viejo celular”, declaró.
Este caso ha provocado protestas en Mocupe. Amigos, vecinos y familiares, convencidos de su inocencia, han salido a las calles con carteles demandando su liberación y sosteniendo que Leydi es trabajadora y no está relacionada con actividades criminales. Mientras tanto, el panorama familiar es difícil: sus hijos, de 11 y 8 años, quedaron al cuidado de parientes, esperando ansiosamente el retorno de su madre.
Este inquietante caso enciende alarmas a nivel nacional sobre los riesgos invisibles de perder un celular. Muestra cuán vulnerables pueden ser los ciudadanos ante delincuentes cibernéticos, evidenciando cómo la pérdida de un dispositivo y una línea sin bloquear pueden facilitar la clonación de identidades para actividades delictivas.