¿Sabías que la masa madre, además de ser saludable, tiene un valor histórico para la panadería? Desde 1800, la masa fermentada, a base de la mezcla de agua y harina, era la única forma de hacer panes. Este método natural provoca un mejor sabor, con una textura única y un aroma sin igual. Sin embargo, con la invención de la levadura a finales del siglo XIX, su elaboración disminuyó y son pocos los lugares que preservan esta técnica llena de aporte nutricional.
En simple, es una levadura natural, fruto de la fermentación espontánea originada de la mezcla de harina de trigo u otro cereal integral y agua. Este proceso artesanal, hace que la masa sea más fresca, crujiente, con una miga elástica y alveolada, de aspecto más rústico, pero, sobre todo, lleno de sabor.
Karl de Smedt, maestro panadero de Puratos comenta que la masa madre tiene diversos beneficios, “a diferencia de la masa hecha con levadura añadida, esta perdura por más tiempo, es decir, no se endurece tan rápido. También es rico en antioxidantes, anticancerígenos y probióticos que alimentan la flora intestinal, mejorando la digestión y absorción de las vitaminas por la presencia del ácido láctico”.
Su proceso de fermentación natural reduce considerablemente el contenido de glucosa, además transforma la proteína del gluten en aminoácidos y proteínas simples, haciéndola apta para personas intolerantes al gluten.