A 19 años del terremoto de Pisco de magnitud 7,9, recordamos la tragedia que dejó 596 fallecidos y cambió la prevención sísmica en Perú.
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Este viernes 15 de agosto se cumplen 19 años del terremoto que marcó uno de los capítulos más dolorosos de la historia reciente del Perú. En 2007, un sismo de magnitud 7,9 sacudió la costa sur del país y tuvo a Pisco como una de las ciudades más golpeadas por la tragedia.
El movimiento ocurrió a las 6.41 p. m., con epicentro ubicado aproximadamente a 60 kilómetros al oeste de Pisco y una profundidad cercana a los 40 kilómetros. Su intensidad también se percibió con fuerza en Chincha, Lima y diferentes localidades de Huancavelica.
El desastre dejó 596 personas fallecidas, 1.292 heridas y más de 431 mil personas damnificadas. Además, alrededor de 91 mil viviendas colapsaron, dejando una enorme tarea de reconstrucción que se extendió durante los años posteriores.
Uno de los factores que hizo especialmente devastador al terremoto de Pisco fue su duración. El movimiento se extendió por aproximadamente 210 segundos y estuvo compuesto por dos grandes rupturas sísmicas.
La primera sacudida duró cerca de 70 segundos. Tras un breve periodo de aparente calma, comenzó un segundo movimiento de gran intensidad que incrementó los daños en viviendas, iglesias y diferentes estructuras de la zona.
Uno de los hechos más trágicos ocurrió en la iglesia San Clemente, donde 148 personas perdieron la vida tras el colapso del templo.
El sacerdote José Emilio Torres Mota recordó posteriormente los momentos previos a la tragedia: "Vino aquel ruido y supe que era un terremoto. Me dio tiempo de pedirles a los fieles que mantuvieran la calma. Luego ya no vi más porque se fue la luz".
La dimensión de la emergencia también fue descrita por el sacerdote Alfonso Berrade: "Los cuerpos eran demasiados. No había lugar donde ponerlos. Se decidió que a los hospitales sólo irían los heridos".
La emergencia no terminó cuando dejó de temblar. El terremoto también generó un tsunami que impactó principalmente en la bahía de Lagunillas, en Paracas. Sus efectos llegaron incluso hasta el Callao, donde se reportaron inundaciones en algunos sectores.
A ello se sumó la licuación de suelos registrada en diferentes localidades. Este fenómeno debilitó el terreno y agravó los daños que ya habían sufrido numerosas edificaciones.
La magnitud de la tragedia también evidenció la necesidad de mejorar los sistemas de monitoreo, prevención y evacuación ante futuros terremotos y tsunamis.
A 19 años del desastre, el terremoto de 2007 continúa siendo una referencia para analizar qué tan preparado se encuentra el país frente a un evento sísmico de gran magnitud.
Tras la emergencia se reforzaron normas vinculadas a la construcción y se impulsaron nuevas estrategias para la gestión del riesgo. Sin embargo, la autoconstrucción y la ocupación de zonas vulnerables siguen siendo problemas que aumentan la exposición de miles de familias.
Hernando Tavera, presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú (IGP), advertía en 2020 sobre esta situación: "la población ha persistido en construir sus viviendas en los mismos lugares y en iguales condiciones, lo que aumenta el nivel de riesgo de la ciudad de Pisco ante un futuro terremoto".
La Marina de Guerra, por su parte, ha desarrollado más de un centenar de cartas de inundación para identificar las áreas que podrían ser afectadas por un tsunami, así como las rutas de evacuación y zonas de refugio.
El contralmirante Jorge Paz resumió la importancia de estar preparados frente a este tipo de emergencias: "La educación es el mejor sistema de alerta para afrontar los tsunamis".
Diecinueve años después, el terremoto de Pisco continúa siendo una advertencia sobre la alta actividad sísmica del territorio peruano y la necesidad de reforzar la prevención. Contar con viviendas seguras, conocer las rutas de evacuación y saber cómo reaccionar ante un terremoto puede marcar la diferencia durante una emergencia