El alférez Jhair Mejía, quien apenas lleva dos meses en la PNP, no logró contener el llanto durante su primera diligencia tras el asesinato de un conductor.
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El alférez Jhair Mejía (22), quien lleva apenas dos meses en la Policía Nacional del Perú (PNP), no pudo evitar quebrarse en llanto al llegar al lugar donde días antes fue asesinado un chofer de la empresa San Bartolo, en el distrito limeño de Lurín.
El joven agente, hijo de un transportista, recién egresado de la escuela policial y asignado a la comisaría de la zona, contó en la televisora ATV que se trataba de su primera intervención de este tipo en medio de la creciente ola de criminalidad que golpea la capital.
Asimismo, señaló que hizo todo lo que estuvo a su alcance para intentar salvar a la víctima, Ángel Pacheco, y que, aún afectado por lo ocurrido, una mujer se le acercó para brindarle consuelo.
“Vi a mi padre y por eso fue que comencé a llorar. A veces piensan que los policías no tienen sentimientos, pero atrás de un policía hay familia que trabaja, que lucha cada día. Somos seres humanos, cualquier persona lloraría en una situación así”, señaló.
“Siempre que prendo las noticias o me entero de un caso similar, no puedo ocultar esa rabia, porque capaz podría haber sido mi padre. Como cualquier hijo de un transportista, siempre tengo ese miedo, por la situación que vivimos ahora, que capaz le suceda a él o suceda lo mismo”, añadió.
Al verlo visiblemente afectado por la muerte del conductor, el dirigente de Transportes Unidos del Cono Este, José Quispe, decidió buscar al joven policía para entender la razón de su reacción.
“Me impactó ver, yo como pensaba que era familiar del conductor fallecido, quería llegar a eso, salí (...) y ya no lo encontré. Con esa duda me he quedado”, relató.
La escena también impactó al suboficial Angelo Pacheco (27), quien detalló que descendió del patrullero y cruzó la vía a pie para llegar con mayor rapidez. “Observé al conductor inconsciente en el momento, verifiqué su pulso carotídeo (...) coordinamos con una unidad de carreteras y tratamos de auxiliarlo lo más pronto posible para llevarlo a la clínica”, relató.
Sin embargo, el centro de salud confirmó que la víctima ingresó sin vida. “Si un efectivo policial llora en la calle, hay gente que va a criticar. Hay gente que piensa que somos débiles. Pero por dentro es muy fuerte, muy doloroso”, señaló, aunque luego de abrazarse con el dirigente admitió que logró liberarse de una carga emocional.
“Sentía que tenía una carga de aquella vez. Quizá me lo contuve hasta el día de hoy, hasta que su abrazo acá, el señor José, me tranquilizó y me relajó un poco”, dijo.