Madre inventó videojuego para ayudar a su hijo con dislexia [VIDEO]

Tecnología al servicio de la salud infantil. Y esta madre le sacó buen provecho para apoyar a su menor hijo.

El método Gliging fue creado por Montserrat García, madre de Mario, un pequeño inteligente pero que tenía muchos problemas de aprendizaje y con el tiempo terminó en mal comportamiento. Cuenta que su hijo tuvo un accidente a los 4 años y desde entonces fue llevado al psicólogo que le diagnosticó  trastorno emocional.

Aunque sus profesores decían que era un niño muy hábil, él no lograba avanzar. Esta historia es de Mario, pero bien podría ser la de cualquier pequeño sin ser diagnosticado con dislexia no. Según la Asociación Internacional de Dislexia indicó que más o menos el 10% de los españoles podrían sufrir de dislexia y que hay muchos sin diagnosticar.

“Yo sentía que detrás de aquel bloqueo emocional Mario nos escondía algo y fue entonces cuando comencé a investigar”, expresó Montserrat García, creadora del método Gliging. Contó que llegó a sus manos el libro El cerebro se cambia a sí mismo, de Norman Doidge. En este libro narran las distintas experiencias, entre ellas educativos, que señalan la plasticidad cerebral. “Fue cuando entendí que al cerebro de Mario le pasaba algo pero que con entrenamiento podríamos modificarlo y hacer que empezara a funcionar bien”, recordó García.

dislexia

En ese entonces, Montserrat vivía el día a día en la compañía de café que había fundado con su ex esposo, para concentrarse en hallar una solución para su hijo. El primer acercamiento fue con el programa canadiense Arrowsmith, que es un sistema de aprendizaje fundamentado en una investigación neutocientífica que afirma que se puede fortalecer las facultades cognitivas frágiles que están ocultas dentro de los problemas de aprendizaje y volver a los estudiantes más efectivos y seguros de si mismos.

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Al inicio, la preocupada madre quería viajar hasta Canadá pero luego lo analizó mejor y pensó que podría hallar una solución sin tener que irse de casa. Visitó la Universidad de Barcelona para iniciar su búsqueda de ayuda para su particular problema. Luego de revisar su caso, un docente le afirmó que Mario era disléxico y que, a pesar que estaba en el sexto año de primaria su comprensión lectora era de uno de primero.

“Un fallo en la capacidad lectora equivale a que los cimientos de un edificio estén mal construidos”, manifestó Giuseppe Iandolo, psicólogo clínico. “El resto de capacidades educativas se ven alteradas, influyendo en el posterior fracaso escolar del alumno si no se diagnostica y se trata de manera temprana. También afecta a su autoestima”, explicó Iandolo.

Montserrat se hizo en la tarea de investigar más sobre el tema y buscar alternativas de aprendizaje, porque en España no existe ningún programa que ayude a mejorar la capacidad lectora. Convencida que se puede aprender jugando, escogió el formato de videojuego, y Mario se volvió en su ratón de laboratorio.

Todo empezó bajo el sistema de ensayo y error. Le creaba tareas que en su opinión no eran complicados, pero al ver que a su hijo le resultaba imposible los volvía a replantear. “Aun así, en pocos meses Mario aumentó muchísimo su velocidad lectora y dejó de tener errores”, recordó Montserrat.

 

Las personas que sufren de dislexia no solo tienen una lectura lenta sino que suelen inventarse palabras o frases. Un ejemplo: si la oración inicia con la palabra carre, es vez de seguir leyendo creen que el término es ‘carretera’ cuando lo en verdad dice es ‘carretilla’. “Sus progresos eran tan grandes que yo no me lo creía, pensaba que al haber dejado mi trabajo y haberme centrado en él su bloqueo emocional había empezado a disminuir. Pero desde la universidad me aseguraron que era el videojuego el que le estaba haciendo avanzar”.

Bajo la experiencia de su propio hijo, y junto con la Universidad de Barcelona, Montserrat decidió crear un sistema experimental que tratar de ayudar a otros niños. Así fue que, durante dos años se invitó a varios colegios a probar de este estudio con pequeños de segundo, cuarto y sexto de primera. Los separaban en grupos, uno de control y otro de experimento, los niños que sí usaban el videojuego, al cual bautizó como Glifing, mejoraban con velocidad y precisión a comparación de los que no lo hacían. Segura de su importancia, resolvió fundar una compañía con el apoyo de la asociación de ayuda a los niños con dificultades de aprendizaje, Abesedari.

Actualmente este videojuego es un método que usa como completo para el desarrollo de los niños. Ya que, los niños están más conectados más a las tecnologías, aseguró que se obtuvo un éxito mayor del 95%.

Este sistema se trata de un entrenamiento metódico de la lectura que a partir del juego de computador o tablet busca que el niño tenga mayor fluidez lectora y mejora su rendimiento de una manera divertida y rápida.

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El software hace una primera evaluación de acuerdo al año escolar del menor y, luego de arrojar los resultados dentro de un medidor, este da una señal de alerta para conocer cuáles son las debilidades lectoras del niño y así poder hacer una programa individualizado enfocado en el niño.

Un juego de calado

El videojuego solo dura entre 10 y 20 minutos y en este se hace una labor sistemática y continuada durante varios días en la semana con la que se busca mejorar las habilidades del pequeño

Cada sesión, en formato juego, dura entre 10 y 20 minutos y en ellas se realiza un trabajo sistemático y continuado durante tres o cuatro días a la semana con el que se consigue mejorar. “El 98% de los niños que han seguido el método Glifing han mejorado la lectura. En una media de cuatro meses consiguen pasar de curso lector”, indicó García.

Glifing no solo ayuda en el terreno educativo, sino también da la primera señal de alarma para detectar el trastorno como la dislexia.

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