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¿Qué nos dice la sociedad sobre el acoso sexual? Experta lo explica

¿Qué revela el caso Lescano sobre nuestra sociedad? Socióloga Patricia Ruiz lo explica

La divulgación de los chats del congresista Lescano ha generado opiniones muy polarizadas: algunos creen que se trata de un caso de acoso, otros creen que no lo es y que la interlocutora consiente o incita al congresista. Más allá de las definiciones legales y el tironeo político, acudimos a la socióloga Patricia Ruiz Bravo, especialista en estudios de género, para tratar de comprender qué nos dice de nuestra sociedad todo lo que ha pasado esta semana.

¿Por qué se ha generado una polarización tan marcada en el caso del congresista Lescano?

Lo primero que hay que decir es que la información disponible hoy es incompleta, entonces no se puede hacer un análisis
exhaustivo del caso.

Pero lo que sí se puede ver es que estas discusiones revelan la persistencia de formas conservadoras de pensar. Se dice, por ejemplo, que la periodista le escribió a la media noche y que eso está mal. Pero eso no tiene sentido, no solo porque los periodistas suelen trabajar a cualquier hora; sino porque el acto en sí mismo no está mal. En las mentes tradicionales no está bien visto que una mujer llame a las 12 de la noche, pero ¿por qué tienes que pensar que si alguien te escribe a esa hora quiere un flirteo?

Ese razonamiento me hace recordar lo que dijo el cardenal Cipriani: “las niñas se ponen como en un escaparate, provocando”. Que va en la línea de aquellos que dicen que las mujeres no deberían andar solas en la calle por la noche. Lo que hay en el fondo no es el temor a que las agredan, sino el deseo de que no salgan, que se queden en casa, que sean “buenas”. Hay un afán de control. Entonces, si un hombre ve a una mujer en la calle sola, piensa, con su lógica machista, que puede decirle algo porque es ella la que se está exponiendo.

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Algunos sostienen que la periodista ha estado tentándolo y coqueteándole…

Pero eso no se puede saber por ahora porque falta información… En todo caso, llama la atención que se opte por sospechar de la víctima sin tener todavía suficientes elementos de análisis y que, más bien, no se piense en qué razones podría tener la periodista para denunciar un acoso y meterse en el gran problema que eso significa. O sea, ¿quién se pone a pensar en si esta comunicación con el congresista Lescano no estaba afectando su posibilidad de trabajar?

Y claro, incluso personas con ideas liberales y progresistas se suman a los que la culpan a priori. Yo me pongo a pensar si no es una especie de espíritu de cuerpo con el agresor: ¿cuántos de los que hablan no tendrán “rabo de paja”? Recuerda que el machismo no distingue ideologías.

En el contexto de estas discusiones, muchos dicen que actos que antes no se consideraban ofensas o acoso ahora sí lo son, ¿por qué perciben esto?

Hay cosas que antes se consideraban como normales, pero sí afectaban a las mujeres. Hoy ellas tienen la voz para decir qué cosa las afecta y los hombres están obligados a escucharlas, que es algo a lo que no han estado acostumbrados.

Muchas cosas que estaban normalizadas eran tan graves que hoy incluso son delitos, como el acoso o la violación dentro del matrimonio. Y a los que dicen que esto del acoso es exagerado yo les preguntaría si tienen que soportar miradas libidinosas en las calles todos los días o caminar tapándose con las manos. Pocos hombres saben lo que es andar con ese miedo. ¿Por qué la mujer se tiene que tapar en vez de que sea el hombre el que debe dejar
de mirarla?

Y no es que sea exagerado, no hay que caricaturizar la situación. No es que “ya no puedo mirar a nadie”, lo que ya no puedes hacer es mirar de una forma lasciva… puedes mirar de muchas formas, pero respetando el derecho de los demás.

El tema del acoso es la punta de un iceberg que revela la existencia de una tensión muy grande por los cambios en los roles de género que se han producido en las últimas décadas y el proceso de liberación femenina; y es particularmente irritante para muchos porque es cotidiano. En el caso de la violación, que es más extremo, todo el mundo está de acuerdo con que se debe sancionar. Pero las expresiones de acoso son más sutiles y forman parte de nuestros hábitos, por lo que es más difícil cambiarlas. Al ser algo cotidiano suponen que debemos tener cuidado en cada acto, que hay que desarrollar el autocontrol (principalmente en los hombres) y eso es molesto. Es un ámbito de la vida en el que todavía los hombres ejercían diversos tipos de violencia pero que cada vez queda más expuesto.

Un punto que parece clave es el del “consentimiento”, ¿por qué este concepto se ha hecho tan notorio en los últimos años?

Sucede que antes se daba por sentado que la mujer consentía todo. En realidad, no importaba ni su deseo ni su voluntad. Es más, una mujer debía sentirse agradecida porque un hombre la “validaba” con un piropo o había puesto sus ojos en ella. Entonces, el hombre no necesitaba pedir permiso.

El problema surge cuando las mujeres empiezan a decir no me gusta. Antes la mujer era una receptora pasiva y tenía que aceptar lo que los hombres querían de ellas. Los hombres por su lado presumían que abordarlas así era algo bueno, bonito, pero nunca se les ocurrió que eso a nosotras nos molestaba o nos daba miedo porque nunca sabías en qué momento iban a pasar de la palabra al hecho.

Volviendo al caso del congresista Lescano, en el momento en que ella le dice “por favor no me falte el respeto” ella ya especificó que no deseaba que él se dirigiera en esos términos hacia ella, ¿qué más hay que decir? Bueno, nuevamente, es lo que se puede interpretar con lo que sabemos.

acoso sexual

¿Qué debe cambiar?

Hay mucha gente que ha sido formada en una cultura machista que exigía a los hombres tener que demostrar virilidad sexual. Entonces, aún hoy muchos creen que serán más hombres si tratan a la mujer como un objeto. Esto es observable en los chats de hombres en los que buscan mostrarse como sexualmente activos exhibiendo pornografía, chistes, etc. Necesitamos cambiar esa forma de entender la masculinidad. La clave está en transformar esos roles de género en los que la sexualidad del hombre es activa y la de la mujer pasiva.

En la mentalidad tradicional, el hombre cree que tiene el derecho de poseer a la “mujer-objeto”, pero ya no es así. Tal vez a eso se deba la escalada de feminicidios. Es decir, que los hombres ya no tengan control sobre las mujeres los exacerba al punto que terminan por reaccionar de manera radical.

El Ministerio de Educación debería dejarse de ambigüedades y establecer con claridad que el tema de la igualdad de género va a ser transversal a toda la educación. A los señores de #conmishijosnotemetas decirles que enseñar igualdad de género a los niños no es convertirlos en homosexuales. Todo esto es parte de un trabajo de largo plazo que involucra al Estado, las empresas y actuar frente a todo acto que refuerce la idea de que la mujer es un objeto.

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¿El acoso es delito?

Lea la columna "El acoso sexual en nuestra legislación" de  Jeannette Llaja Villena en la web: wapa.pe.

Patricia Ruiz

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