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24 Feb 2019 | 9:44 h

Sobre faldas y estereotipos

Son muchos los estereotipos que nos indican las "supuestas diferencias" entre hombres y mujeres.

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    wapa.pe

    José Luis Rosales

    Sociólogo

    En estos días se discute sobre la relación entre el uso del uniforme escolar y la inequidad de género a raíz de una investigación que señala que la falda limita la capacidad de movimiento y uso del cuerpo de las niñas y adolescentes. El tema nos lleva a reflexionar sobre las oportunidades que tienen mujeres y varones para hacer ejercicio y deporte en la escuela.

    Son conocidos ya los estereotipos que indican que ciertas actividades físicas, generalmente aquellas que suponen grandes desplazamientos, competencia y contacto físico, son asunto de varones, mientras que aquellas que suponen menos movimientos, más suaves y colaborativos, son de mujeres. Esto no solo sucede en las horas de educación física, sino que se extiende fuera de ellas y tiene como correlato prácticas y rutinas que limitan la posibilidad de las mujeres de hacer uso de las canchas o el patio y su derecho a correr, saltar, “tirarse al piso”, entre otros.

    Estas diferencias tienen serias implicancias en la formación de la persona, pues limitan el desarrollo de importantes capacidades y el ejercicio de la ciudadanía: sentir que tenemos el control sobre nuestro cuerpo y nuestro espacio próximo es indispensable para tomar decisiones, actuar con libertad y desenvolvernos en otras dimensiones de nuestras vidas. Y esto se aprende y se entrena.

    Aunque se ha avanzado en esta comprensión (mujeres y varones tienen ahora la posibilidad de practicar disciplinas otrora exclusivas de uno u otro sexo, como el fútbol o el vóley), promover que unas y otros hagan deporte no es ni suficiente ni la única vía para que, desde la escuela, se aporte a que los niños, niñas y jóvenes desarrollen capacidades en y a través de sus cuerpos. Así, más allá de las actividades deportivas, el baile, el teatro y los juegos en general abonan también al ejercicio, la apropiación y el disfrute del propio cuerpo.

    No se trata pues de inventar la pólvora. Recuerdo con mucho cariño y nostalgia los Juegos Florales en el colegio y la enseñanza de lo que en esa época se llamaba folclor. En estos espacios, a diferencia de las clases de educación física y los deportes, hombres y mujeres trabajábamos juntos, y nos formábamos por igual en el uso, el manejo y la expresión a través de nuestros cuerpos. La idea es, entonces, pensar y promover en la escuela diferentes espacios y disciplinas que abonen, con sus distintos énfasis y perspectivas, a que niños, niñas y jóvenes puedan explorar, construir y apropiarse de sus cuerpos, trascendiendo los estereotipos.