Indyra Oropeza: ¿Yo? ¡¿Cáncer?!

Una muestra de lucha, resistencia y paciencia es el caso de Indyra Oropeza, una joven que fue detectada a las 20 años con Cáncer y que hoy por hoy su historia es un ejemplo para muchas jóvencitas. 

Indyra Oropeza

Autora del libro Con L de Leucemia

¿Yo? ¿Cáncer? ¡Te estás confundiendo! Eso es exactamente lo que pasaba por mi cabeza al ser diagnosticada con leucemia a los veinte años. A esa edad uno se espera cualquier clase de sorpresa o experiencia nueva, pero ninguna relacionada con que te pongan quimio, se te caiga el pelo y tu cuerpo se vuelva un colador de tanto pinchazo. Pero lo que menos esperaba es que con el diagnóstico viniera como parte del combo una serie de opiniones que nunca pedí, pero igual llegaban.

Cuando uno pasa por algo como esto, como por arte de magia todos alrededor se convierten en gurús del tema. Están los que te dan tips como beber sangre de unicornio recién nacido o tomar agua de coco virgen traído de Hawái en bote de remos porque la tía de la prima de su abuela se curó con eso. Están también los que te ven como si fueras un cadáver y si te ven salir a la calle te piden que te metas a la cama porque si te da el aire te puedes morir. La mayoría lo hace en la mejor onda del mundo, pero recibir tanto consejo, tanta información y tanta exigencia para seguir adelante puede ser abrumador.

Después de cinco años con cáncer, creo que puedo dar algunos consejos que pueden ayudar a volver a lo más básico y sobrellevar lo que viene. En primer lugar, aprende a escuchar a tu cuerpo: si tienes sueño, ¡duerme! Si estás cansada, ¡descansa! Así de fácil y simple, no te fuerces. El mejor gurú y consejero durante tu proceso será tu médico tratante. Confía en él o ella, hazle todas las preguntas necesarias.

En cuanto a la alimentación, lo mejor es acudir donde un nutricionista que te guíe en el camino, no tienes que restringir radicalmente tu dieta, todo es cuestión de balance: el yin y el yang (y el ñam). Tampoco opongas resistencia a los cambios corporales, van a suceder aunque no lo quieras. Lo mejor es abrazarlos y aceptar. Finalmente, ¡no tienes que tirarte a la cama! Si te provoca, sal, diviértete, haz ejercicio, trabaja, estudia, lleva tu vida de la manera más normal que puedas. Una mente ocupada no tiene tiempo para estar triste.

Y recuerda que el cáncer es un proceso y los procesos pueden ser largos, pero se acaban y todo puede volver a la normalidad (e incluso ser mejor). Así que mucha paciencia y buen humor.

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