Resiliencia: ¿Cómo adaptarnos mejor a los desafíos que nos impone la pandemia?

Especialista ofrece ideas para mantenerse activo y no caer en el miedo provocado por el coronavirus.

Los diversos cambios que nos impone la emergencia sanitaria por el coronavirus parecen interminables y nos exigen una flexibilidad inusual que podemos encontrar en la resiliencia, una capacidad especial para hacerle frente a la adversidad y al miedo.

Carmen Masías Claux, directora ejecutiva de Cedro, explica que la resiliencia – de la que se habla mucho en física e ingeniería- es la capacidad de un material de recuperar su forma o posición original tras someterse a una gran fuerza o ser doblado de forma extrema, y que aplicada a las personas habla de su fortaleza para superar un trauma o situación adversa y salir fortalecido de la experiencia. 

Advierte, sin embargo, que no se trata de una característica que tenemos todos y que no aparece de un día para otro, pero urge desarrollarla en momentos tan desafiantes como los actuales, donde ha cambiado completamente nuestra manera de vivir, de demostrar afecto, de despedir a nuestros seres queridos o de trabajar. Todo.  

Son importantes los referentes. Si se trata de gente joven, ellos deben observar a sus padres, que, pese a lo duro del aislamiento social, respetan las normas de distanciamiento, mantienen la distancia física de otras personas, salen muy poco de la casa, se lavan las manos y usan mascarilla de forma permanente. 

Para la experta es una mentira decir que no hay miedo a contagiarse con el covid-19 o incluso morir por su causa, comentó en entrevista con el programa Saludable Mente de Andina Canal On line

(Foto/ANDINA)

Sin embargo, refiere, ese temor debe ser neutralizado para evitar cuadros de ansiedad que podrían afectar nuestra salud mental y para ello hay que apoyarnos en la resiliencia. 

¿Cómo la fortalecemos?

La primera clave es no callar ni guardar los temores que nos invaden, la incertidumbre que sentimos ante las transformaciones tan rápidas que ha impuesto la pandemia por el coronavirus. 

“Hay que conversar sobre nuestras aflicciones y conflictos con otras personas. La ciencia nos demuestra que conversar con otros de nuestros problemas disminuye enormemente nuestros temores y fortalece nuestra resiliencia”, manifiesta Masías Claux.

La segunda clave y posiblemente la más importante es hacer algo por los demás, darle un espacio a la empatía, al cuidado del otro que muchas veces puede estar en peor situación, más solo, abandonado, sin recursos tanto económicos como emocionales para seguir viviendo.   

“El sentido de la muerte disminuye enormemente si haces algo por lo demás. A través de las neurociencias se ha comprobado que el cerebro sufre cambios, modificaciones positivas cuando la gente tiene actos de altruismo y eso lo estamos viendo ahora mismo en el Perú”. 

Destaca que en medio del caos hay gente maravillosa organizando lo que puede para ayudar a otros, mujeres que se levantan a las 4 o 5 de la mañana para parar una olla común, para darle una mano a otro. Todo eso fortalece su resistencia y la resiliencia frente a la adversidad. 

Evite un cerebro angustiado

Advierte que la resiliencia no es algo nuevo para las personas, es parte de su evolución y ha permitido a muchos seguir vivos, con esperanza de un mejor mañana, pese a los horrores vividos. Ya lo vemos en las películas de guerra que retratan el Holocausto, donde las personas que terminaron sobreviviendo fueron las que más se dieron a los demás. 

“No hay mejor terapia que el preocuparse por el otro, pero también hablar de las aflicciones para que no se conviertan en un tabú, porque sería absurdo decir que no tenemos miedo, ya que todos lo tenemos. Pero cuando ese miedo paraliza, se vuelve angustia, en el cerebro se produce una especie de bloqueo, una parálisis que impide seguir haciendo cosas, construyendo cosas y eso lo debemos evitar”, anota. 

(Foto/ANDINA)

Advierte que debemos tener un especial cuidado con los adultos mayores, a quienes muchas familias tienen relegados o casi inutilizados. 

“Están en un rincón, metafóricamente hablando. La recomendación allí es incorporarlos. Mantener activo el tacto, las caricias, el acercamiento físico, sin dejar atrás la distancia social. Hablamos de todo lo que pueden hacer quienes viven con ellos. Hay que darles tareas para que no entren en depresión”. 

Recordó que no hace mucho se reunió con algunos sobrevivientes del Holocausto y lo que más le llamó la atención es que, habiendo sufrido las peores cosas que uno se puede imaginar, no habían perdido la alegría y eso porque seguían sintiendo útiles a la comunidad. 

“Las personas siguen aprendiendo toda la vida gracias a la plasticidad del cerebro. Ahora que todos piensan en salidas a la coyuntura una de ellas es aprender cosas nuevas. Quien lo hace, sea lo que sea se sigue sintiéndose enganchada con la vida”.

¿Cómo ayudar?

Para la experta de Cedro lo que logremos ahora gracias a la resiliencia nos servirá en el futuro cuando nos enfrentemos a nuevas situaciones que requieren mucha fortaleza. 


(Foto/ANDINA)

Pidió a las familias concentrarse en lo que hay y no en lo que no se puede, o no se tiene. Entrenar nuestra flexibilidad frente a los cambios y dedicar parte de nuestra energía a ayudar a otros, una sugerencia para todas las edades. 

“Hay muchos adolescentes que si se les pide algo lo hacen y se convierten en héroes. Algunos están ensañando a niños a través de herramientas virtuales, otros están construyendo techos. Hay jóvenes que hacen las compras para otros, que incluso no son su familia. Hay muchísimo de bueno, pero también existe el ‘baila solo con tu pañuelo’. Eso está bien para la marinera, pero no para momentos de crisis donde debemos mirar a todos con atención”.

La psicóloga pidió no temerle a la muerte y recordar que la vida y la muerte son parte del mismo círculo. 

“Creo que lo primero es amar el hecho de estar vivos y, lo segundo, tener presente que la vida y la muerte son un solo círculo. Pero si amamos la vida, con todas las adversidades que podamos tener, vamos a empezar también a ver a los otros, a no sentirlos como extraños, hay que sentir que estamos en una humanidad compartida y hacer lo que podamos hacer”. 

Sobre cómo ayudar a otros, dijo que mientras algunos se las ingenian para parar una olla común, otros podrán hacerle las compras de víveres a una vecina que no puede salir por su avanzada edad o por otras razones. 

Sin abandonar las medidas de protección que conocemos, sugirió que se podría acompañar a dar una vuelta a un vecino anciano o que vive solo. Siempre guardado la distancia. 

“Se podría llamar también unas dos o tres veces por semana a quienes sabemos que están completamente solos. O leer un libro o un cuento a una persona ciega. Hay cientos de cosas que podemos hacer para sentirnos útiles. Lo importante es que nadie se sienta solo, porque cuando menos lo piensen alguien los ayudará, les dará una palabra de aliento. Pero es esencial que ustedes también sean quienes empiecen esos círculos virtuosos”, sostuvo.

Fuente: ANDINA

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