Cargando...
26 May 2019 | 8:04 h

¿Qué hacer si mi hijo es malcriado?

Cómo entender a nuestros hijos en una sociedad que los etiqueta porque no hacen lo que queremos que hagan.

Únete al canal de Whatsapp de Wapa

    wapa.pe

    Es hora de cambiar la forma en que criamos a nuestros hijos, de reconocer lo que necesitan de nosotros y aprender a acompañarlos emocionalmente para su desarrollo integral. Conversamos con Felipe Lecannelier, especialista en crianza y apego infantil, sobre cómo formar niños más saludables y sobre la importancia de romper con ese gran círculo vicioso de violencia que empieza desde la infancia si la relación entre padres e hijos carece de respeto mutuo.

    En una charla del colegio de tu hijo te dicen que, si el niño llora por algo que quiere y no se lo das, entonces no hay que decirle nada y dejar que llore y se le pase. ¿Qué hacemos?

    Mira, veinte años de investigación han demostrado que eso es lo peor que puedes hacer. Es como que tú buscaras a tu pareja y le dijeras que estás mal porque tuviste un mal día en el trabajo, y que tu pareja te mire y simplemente se vaya. ¿Cómo te sientes tú? Te da rabia, te sientes sola… Ignorar es un tipo de maltrato porque le hace mucho daño al niño. Necesitamos crear una cultura de respeto.

    ¿Podemos estar ejerciendo violencia de forma involuntaria?

    Hay dos tipos de violencia en general. Una que es producto de una interacción negativa, como gritar, retar, castigar, pegar. Otra que es todo lo contrario: ignorar, dejar llorar, no mirar, no tomar en cuenta. Ambas son muy dañinas. Imagínate: qué pasa si yo tengo dos años y tengo estrés, te busco para calmarme, pero tú me retas, me castigas o me ignoras... ¿Cómo me quedo yo? Me quedo solo, me quedo estresado, seguiré reaccionando de forma violenta y lo peor es que luego no voy a confiar en ti. Entonces, si el día de mañana me hacen bullying en el colegio no te lo voy a contar, porque tú ya me has rechazado tanto que mejor me quedo solo.

    Vivimos en una sociedad en la que al niño no se le aguanta nada. Si llora es malcriado, si hace una pataleta es porque está manipulando… Esas son interpretaciones erróneas porque ellos no tienen otros recursos para expresar sus emociones ni su estrés.

    ¿Y cómo hacer si soy mamá y siento que lo he estado haciendo mal?

    Debes estar pendiente, aunque a veces eso sea difícil. ¿Cuánto tiempo pasan los papás con sus hijos en el Perú? Conociendo el tráfico peruano te aseguro que no es más de una hora al día. Pero no necesitas hacer miles de cosas con ellos, solo hay algo en lo que no te puedes equivocar: estar siempre pendiente de si a tu hijo le pasa algo, si está estresado, y acudir a esa necesidad, dar el mensaje de protección. “Mi hijo hace pataleta y yo no sé qué hacer”. Bueno, no tienes por qué saber qué hacer, pero no te alejes ni lo alejes a él. “Ok, estás mal, yo estoy aquí”. Ese es el mensaje: tu presencia es lo fundamental. En este punto es muy importante entender el concepto del apego.

    ¿Qué es el apego?

    Es la respuesta del sistema nervioso de un niño cuando se siente estresado por cualquier motivo —miedo, hambre o soledad— y busca un adulto para que lo proteja, cuide y calme. O sea, se produce en la relación niño-adulto. Muchas veces se confunde el apego con que hay que ser cariñoso con el niño, pero es más que eso. Hay que ser cariñoso, es verdad, pero tiene que ver con cómo la mamá, el papá o su cuidador reaccionan y acompañan en esos momentos de estrés.

    ¿Qué hacemos para evitar el sufrimiento del niño?

    Lo que tienes que hacer es aprender a detectar si tu hijo está estresado, ponerte en el lugar de él. Pensar “¿por qué está estresado?”, “¿qué estará sintiendo?”. Acompañarlo sin criticarlo y buscar con él una forma de hacer que su estrés disminuya. No porque tomes a tu niño de la mano o porque estés todo el rato con él va a volverse un niño difícil, dependiente o poco respetuoso; todo lo contrario. Mientras más presente estés y más solícito seas con él, lo podrás contener mejor y ayudarás a formar un niño más sano.

    Pero hay una tradición de crianza maltratadora. O sea, si mi papá o mi abuelo lo hicieron, entonces yo también lo haré porque crecí y no soy una ladrona, soy una “persona de bien”...

    Hay que romper esa tradición de violencia. Es lo típico: “a mí me pegaban de chico, pero hoy soy abogado”. Eso es justificar el maltrato, porque estás diciendo que es bueno pegar. La otra vez una señora se molestaba conmigo y me decía “entonces mi hijo no me va a respetar”. Pero el respeto se gana. No se obtiene solo porque “soy tu mamá o tu papá”. Se gana con acciones coherentes. No se puede respetar a alguien que grita, que pega. Ese papá o docente no merece ningún respeto.

    Lo bueno es que esta mentalidad está cambiando...

    Sí, pero hay que tener cuidado porque en sociedades como las de Chile o Perú se sigue calificando a los niños como “malcriados”, “irrespetuosos”, “manipuladores”. “Es un revolucionario”, dicen... pero eso es muy bueno. La educación se ha estado basando en mantener la conformidad. El niño que piensa un poco diferente, que desarrolla un pensamiento crítico o divergente, ya es un “niño difícil”, pero resulta que, si miras toda la historia de las sociedades, esos que pensaron diferente son los que crearon todo lo que tenemos a nuestro alrededor. En Perú hay una crianza muy tradicional que mantiene este conformismo, que es bien agresivo y violento.

    Si te consideran “malcriado” en el colegio, te mandan diez notas en la agenda…

    Pongámonos a pensar: ¿qué es portarse mal? En este mundo, portarse mal es que el niño no hace lo que yo quiero que haga. Y si no hace lo que le digo, lo llamo “malcriado”. Es decir, el adulto llega y define a su antojo lo que es portarse mal. Eso es puro esclavismo. Es mantener a esta sociedad sumisa y eso debe cambiar. Nosotros ya llevamos como seis años promoviendo la “crianza respetuosa”, que es como una filosofía, y estamos logrando que en Chile quien le grita a un niño sea visto como un desubicado.

    Felipe Lecannelier (Chile) es doctor en Psicología y especialista en investigación e intervención en apego infantil de University College London y Anna Freud Centre de Londres.