Caso de éxito: La dulce historia de una joya en Magdalena

Por: Elizabeth Zamora - Srta. Paladares

Si hay una cualidad que resalta de Cristina Vargas es su curiosidad, esa manera de ser que la llevó a descubrir el mundo de la pastelería fina y a desarrollar un sinfín de recetas que da gusto encontrar, pues son de calidad y no han sido atrofiadas por productos siniestros que dan un resultado insípido y están lejos de ser saludables.

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A Cristina la pueden encontrar atendiendo en su pastelería “D’Christy” (Av. Brasil 3752-Magdalena), espacio de pulcras paredes blancas, al que muchos llaman “La Perla de Magdalena”, ya que esta joya es una de las dulcerías-pastelerías de la zona que se han mantenido vigentes hasta hoy.

Ella es administradora de profesión, pero la vida la llevó a la cocina, oficio que ha reforzado llevando cursos, aprendiendo técnicas, capacitándose y visitando otros países para ver más de su rubro. D’Christy” tiene más de 30 años, tiempo en el que la experta se ha apoyado en su hija y su esposo para poder seguir este reto.

“Llevo cocinando unos 40 años, yo hago comida dulce y salada. Me animé a dedicarme a esto como negocio, porque mis amistades me decían que todo me salía rico. Después, nos animamos a tener un pequeño local, en el mismo lugar que hoy tenemos, solo que esto ya ha sido ampliado y arreglado a mi gusto”, comenta.

Al preguntarle “¿Por qué los clientes le han sido fiel durante todos estos años?”, Cristina asegura que es porque encuentran un producto de calidad y bien hecho; y que prefiere vender pocas tortas, antes que vender miles de productos de mala calidad y llenarse los bolsillos.

Un dato importante que me dio es que no logra entender como en muchas pastelerías se sacrifican los insumos, solo para vender cantidades a precios irrisorios. “Una vez, me ofrecieron claras de huevo en baldes, jamás acepté, pues no sabía qué procedencia tenía, pero sé que hay otras pastelerías que lo hacen para abaratar costos”, comentó muy mortificada.

Mi historia personal con esta pastelería fue satisfactoria, estaba caminando por la avenida Brasil (ya había visto antes el sitio y tenía curiosidad) y decidí entrar, pedí un helado y unas galletas. Una pareja (Cristina y su esposo) me atendió muy amablemente, mientras yo no dejaba de observar los pasteles, cada uno con mejor pinta que el otro.

Le di mi visto bueno (en varias visitas siguientes, no todo en una sola) a la torta de crema chantilly con fresas, a de chocolate, a la torta selva negra; y los postres de antaño como mazamorra morada, arroz con leche, arroz zambito, leche asada, pie de limón, humitas, tamalitos, pastel de poro, papa rellena, pastel de choclo salado, empanadas y las lasañas por kilo. Las opciones son infinitas. Larga vida para Cristina.

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