La brecha orgásmica: desigualdad en la cama

Cuando hablamos de placer sexual también existe desigualdad entre hombres y mujeres: ellos tienen muchos más orgasmos que nosotras.

En los últimos años en el ámbito económico es cada vez más común que se hable de la brecha salarial, es decir, de la diferencia entre los sueldos que reciben hombres y mujeres por hacer un mismo trabajo: ellos ganan más dinero por realizar las mismas labores que ellas llevan a cabo. En nuestro país esa brecha alcanza el 26% y es la mayor diferencia salarial de todo Latinoamérica.

Pues cuando hablamos de placer sexual también existe desigualdad: los hombres tienen muchos más orgasmos que las mujeres. Esto se debe a diversos factores, pero el más destacado de ellos está relacionado con la ignorancia o las falsas creencias que existen en torno a la sexualidad femenina.

¿Por qué existe la brecha orgásmica?

El principal motivo por el que existe la brecha orgásmica en las relaciones heterosexuales es porque aún se mantienen vigentes ciertos mitos sobre el sexo en general y sobre la sexualidad femenina en particular.

Entre ellos, el mito del orgasmo vaginal es uno de los más dañinos cuando se trata de hablar de sexo, placer y deseo femeninos. Desde que a Sigmund Freud se le ocurrió, a inicios del siglo XX, afirmar que existen dos tipos de orgasmo: el clitoriano, propio de una mujer sexualmente inmadura; y el orgasmo vaginal, propio de una mujer madura y desarrollada sexualmente, la idea de que la penetración vaginal es la práctica por excelencia para el placer sexual de las mujeres ha permanecido vigente hasta nuestros días.

Aunque algunos afirmen que para evitar cualquier confusión entre orgasmo vaginal, orgasmo anal u orgasmo de punto G, entre otros deberíamos llamar a la cumbre del placer sexual de las mujeres simplemente orgasmo femenino, lo cierto es que el único orgasmo que existe es el clitoriano. Esto se debe a que todo orgasmo ocurre por estimulación directa o indirecta del clítoris, no hay orgasmo sin que el clítoris intervenga hinchándose, lubricándose y erectándose.

La insistencia por parte de los hombres de recurrir al coito vaginal como acto central de un encuentro sexual y el desconocimiento de ellos y de las propias mujeres del clítoris como órgano esencial para el placer y el orgasmo crean la combinación perfecta para que el disfrute de ambos no sea igual cuantitativa ni cualitativamente.

Más placer y menos complacer

Otra causa de la brecha orgásmica se explica porque a lo largo de nuestra vida, desde nuestra niñez hasta nuestra adultez, las mujeres somos educadas para complacer a los demás. De esa manera aprendemos a poner las necesidades de otras personas —sean nuestros padres, nuestras parejas o nuestros hijos— muy por encima de nuestras propias necesidades.

El campo sexual no es la excepción, pues allí también se replica esta típica actitud femenina sobre todo cuando hablamos de encuentros sexuales heterosexuales. Las mujeres fingen orgasmos en diversas situaciones para hacerle creer a su acompañante que han llegado a la cumbre del placer sexual y así poder dejar de realizar alguna postura sexual que les resulta incómoda o insatisfactoria.

Sin embargo, lo más recomendable tanto en el sexo como en cualquier otro ámbito de tu vida es que hagas las cosas con placer y no por complacer. Porque las consecuencias de ese silencio repercuten en la calidad de tu vida sexual y evitan que desarrolles la seguridad en ti misma que necesitas para expresar tus deseos, lo que implica decir lo que te gusta y lo que no.

La mejor solución para acabar con la brecha orgásmica es la educación sexual para desmitificar el sexo y dejar de lado el coitocentrismo —el coito como práctica central de las relaciones sexuales— y para liberar a la sexualidad femenina de todas las mentiras que nos han dicho sobre nuestro cuerpo, nuestro deseo y nuestro placer.

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