¿Cómo saber si mi hijo tiene déficit de atención?

Especialista explicó que los niños con dificultades para enfocarse, tienen mayor dificultad para aprender.

Que los niños se mantengan en constante movimiento evidencia su interés por descubrir y explorar el mundo que lo rodea. Sin embargo, hay algunos que no paran nunca y tienen dificultades para concentrarse, incluso en aquello que les interesa. Estos menores podrían tener un Trastorno de Déficit de Atención conocido como TDA.

“La atención es la capacidad que tiene el ser humano de percibir, a través de los sentidos, la información o estímulos que vienen de afuera. Cuando hay un déficit de atención esa información no logra entrar en el cerebro y por tanto no puede procesarse”, detalló Edwin Laredo, director de neuroinvestigación del Programa Neurofeedback de NeuroM al portal Andina.

Consultado sobre cuáles son los factores que provocan esta condición, indicó que no tiene un origen único. Puede deberse a problemas conductuales, desbalances neuronales o lesiones en la cabeza. La primera causa es la más común.  

“Una cosa es tener un niño o niña inquieto y otra con déficit de atención. Estos son niños que no ponen atención porque no pueden. En este momento, el TDA afecta al 7% de menores peruanos”.

Refirió que una forma sencilla de diferenciar a un niño con déficit de atención por mala conducta de otro que tiene un problema orgánico es ver cómo miran la televisión: “Si ve su programa favorito totalmente concentrado, el problema es conductual”.

Si el niño mira la televisión, pero está moviéndose todo el tiempo, agarrando varias cosas a la vez, jugando otra cosa al mismo tiempo, se trata de caso de trastorno de déficit de atención biológico-orgánico, es decir nació con este problema.

La concentración también se entrena 

Para el psicólogo clínico, un modelo de crianza inadecuado puede crear un ambiente ideal para el desarrollo del TDA.

Esto es común -dijo- con padres que no saben poner límites, son ambivalentes, dan una indicación y luego la cambian; no dejan terminar una cosa y ya les dan otra; les permiten ver la televisión, pero también les dan la tablet y todo mientras escuchan la radio.

“Son demasiados estímulos para el cerebro del menor. No le enseñamos a fijar la atención y concentración. No les enseñamos a estar tranquilo porque de lo contrario en qué momento desarrollan sus controles conductuales”.

Si esto no se corrige a tiempo, además del déficit de atención, los niños podrían desarrollar rasgos de impulsividad porque no saben gestionar su movilidad y ganas de moverse.

“Algunos tienen luego problemas de conducta en el colegio. Desean captar lo que escuchan o ven en clase, pero no pueden, lo cual les genera ansiedad. Todo esto tiene un alto costo emocional”.

No temerle al aburrimiento

Laredo comentó que recibe muchos padres preocupados porque su hijo se aburre. Piensan que siempre debe estar haciendo algo, olvidando que es importante tener momentos de silencio, sin hacer nada, porque es bueno para su cerebro.

“Hay padres ansiosos por este tema y maltratan a su hijo. Los meten a muchos cursos para cansarlos, lo cual los estresa e irrita más. En la antigüedad, nuestros padres y abuelos nos entrenaban sin saberlo cuando nos ordenaban escoger el arroz, pelar las arverjas, porque eran actividades en las que se requiere concentración”.

Además, se conversaba, compartía con la familia, había trabajo en equipo, lazos emocionales que son esenciales para que el niño.

Red neuronal

El experto indicó que existe otro grupo de niños con TDA debido a un problema neuroquímico. “Allí existe un problema en la conexión de sus neuronas. Estas no se conectan correctamente y hay dificultar para captar la información, razón por la que aparecen los problemas de aprendizaje”.

El déficit de atención puede estar acompañado por una hiperactividad e impulsividad, lo cual complica el caso.  

“Hay que quitarse la idea de que los niños son intranquilos porque sus papás eran así, ya que podría tener déficit de atención. Cuando no se corrige, tenemos adultos que nunca terminan las cosas, con atención fragmentada, que cometen errores en el trabajo, universitarios que no pueden aprender, que repiten ciclos, llenos de ansiedad por la frustración de no concentrarse en lo que hacen”, anotó.

Sobre los tratamientos, Laredo detalló que podría ser de tipo psicológico, farmacológico o ambos al mismo tiempo, dependiendo de la complejidad del caso.

En su institución han logrado reducir el déficit de atención hasta en un 20% gracias al modelo neurofeedback, que no es invasivo y no tiene efectos secundarios.

Explicó que funciona a través de un neurosensor y es parte de una corriente nueva que ayuda al manejo de los problemas de atención y concentración, además de la hiperactividad e impulsividad que podría tener el menor. Es muy lúdico y se apoya en la plasticidad del cerebro para desarrollar nuevas áreas de atención.

Déficit de atención

Sea cual sea el tipo de TDA que se tenga es importante contar con un diagnóstico temprano y oportuno.

Ante la sospecha del trastorno, los padres deben buscar ayuda especializada para confirmar o descartar este diagnóstico. La evaluación puede realizarse a partir de los 5 años y no debe pasar de los 12 años para evitar mayores daños cognitivos y emocionales.

(Información compartida de Andina)

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