Ese mundo que empezamos a imaginar

"Pienso mucho en la suerte que he tenido de no ser víctima en un país donde 6 de cada 10 mujeres lo son", manifestó Nani Pease, psicóloga.

Nani Pease

Ph. D. en Psicología, antropóloga, teatrista y activista feminista

Desde #NiUnaMenos recibo unos veinte mensajes semanales pidiendo ayuda. Generalmente de mujeres abusadas, de madres y padres cuyas hijas o hijos son víctimas o incluso de hombres que también sufren abusos. Muchas veces quienes escriben no saben cómo calificar lo que han vivido o recién recuerdan un episodio distante. En otros casos, ya no pueden evitar recordar y se levantan esa mañana sin parar de llorar. Generalmente no los conozco, ni siquiera los tengo en FB o en el mail. Piden contactos de psicólogos o abogados, preguntan cómo denunciar. Quieren que alguien los escuche, contar su historia, saber que todo estará bien.

Ya aprendí a respirar, a no desesperarme, a no sentir culpa si no puedo atenderlos de inmediato. Ya aprendí cómo dejar de llorar sin parar al conocer algunos casos (lo más duro es cuando se trata de alguien que conozco, de alguien que quiero mucho, de niñas o niños, o cuando el abuso está sucediendo mientras leo).

Pienso mucho en la suerte que he tenido de no ser víctima en un país donde 6 de cada 10 mujeres lo son. En la arbitrariedad de esa suerte y en lo inmerecida que es. Y pienso también en la suerte que tengo de poder acompañar a esas personas, pues cada una me ha enseñado acerca de la admirable capacidad de los seres humanos de lograr cosas inmensas pese al dolor.

De ellas he aprendido que el sufrimiento no siempre nos quita la capacidad de enfrentar una situación confiando en que seremos más grandes que ella. Que no nos quita la risa ni nos convierte en personas rotas que andan uniendo sus pedazos de por vida. El abuso no nos reduce a una sola cosa.

Entender esto no lo minimiza ni lo torna menos grave, ni nos quita el derecho a pelear con todas nuestras fuerzas contra él. Al contrario. Creo que gran parte de la fuerza de este gran movimiento proviene de que hemos empezado a sabernos merecedores de una mejor vida, en la que nuestras familias nos cuiden y no nos violenten, en la que ser niña, niño, adolescente o mujer no suponga estar en riesgo, en la que podamos caminar por la calle sin miedo. Ese mundo que estamos empezando a imaginar se debe a personas como las que nos cuentan sus historias con valentía, haciendo visible el abuso y fortaleciendo esta gran red de solidaridad, personas que miran a la cara el dolor injusto que les ha sido infligido y pueden decir con valentía: yo merezco otra cosa, todos merecemos un mejor mundo.

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