Con el  diseñador Olivier Rousteing a la cabeza, Balmain apuesta por looks de arrolladora exuberancia. Siluetas reloj de arena extremas con hombros muy armados y cinturones joya caminan sobre botas a medio muslo y pantalones zanahoria no aptos para todos los cuerpos.

La suntuosidad reina en la pasarela con cristales en forma diamante, efectos acolchados y el tejido moaré en tonos metalizados, como esencia de una colección básicamente pensada para gobernar la noche.

Por su parte, la firma Lanvin presentó una colección para pensar – palabras textuales del diseñador Alber Elbaz – en una mujer variable en un mundo cambiante.

Así se suceden una serie de estilismos dónde confluyen los vestidos ladylike, los seductores años veinte y el estilo escolar. Gruesas cadenas con mensajes adornan la modelo que muestra su individualidad con distintos maquillaje y calzados vistiendo faldas de gran vuelo, maxiestampados y aplicaciones de flores e insectos, chaquetas de grandes solapas o tejidos segunda piel de dudoso efecto.

Una actitud fresca, despreocupada que mezcla looks de día y noche. Incluso los combina en una gama de colores desde el azul al rojo, pasando por el infalible gris.

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