La experiencia que debes probar para valorar nuestros insumos

La experiencia “IK” comienza desde la entrada, al apreciar los ambientes cálidos e íntimos, la música y las luces. Todo está fríamente calculado.

Por Elizabeth Zamora – Srta. Paladares

Franco Kisic ha tenido la fórmula –cuyo ingrediente principal es el amor- para dirigir con gran éxito un restaurante de concepto vanguardista que resalte, ante todo, el producto peruano, siempre atado al factor sorpresa para quien se aventure a acudir al restaurante “IK” (en honor al recordado chef Iván Kisic, hermano de Franco).

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“IK” es de los pocos conceptos sólidos que reflejan la investigación meticulosa por parte de sus participantes, tanto en la cocina, como los que salen a recorrer el Perú buscando el mejor ejemplar de cierto producto que será trabajado y puesto en la mesa de los comensales.

La experiencia “IK” comienza desde la entrada, al apreciar los ambientes cálidos e íntimos (el salón parece estar dentro de una caja de frutas), la música ha sido diseñada exclusivamente para la ocasión, mientras que las luces hacen un juego maravilloso que alumbra donde hace le hace falta y con la llegada de cada plato. Todo está fríamente calculado.

De la barra se desprenden cocteles como “El Buen Conde” con aperol, campari, cinzano, guindas y perfume de naranja; pero quizá el más representativo sea el “IK Sour”, que tiene dos texturas en diferentes temperaturas, ambas perfectamente separadas con una hoja de bijao, el sabor es el mismo, la espuma caliente está de un lado; y el granizado sour, de otro. El toque final no es el amargo de angostura, sino un grano de café.

Y aunque hay un carta variada, recomiendo probar el menú degustación, que comienza con unos snacks como las galletas de quinua rellenas de queso andino  más polvo de cobre comestible, junto a el llega la canasta de hongos horneados con hojas de ajo y bañado en chocolate, una combinación perfecta poco antes expuesta.

El menú expone los mejores ejemplares de oca, tubérculos variados a la olla, maíz a la parrilla; conforme pasa la experiencia, cada vez sorprenden más platos como el palmito al vapor bañado en mayonesa de ajo negro, acompañado de hojas de orégano y sal de maras; en representación del mar están las conchitas que llegan en una bandeja junto a la salsa sabayón.

Aparte de tener la cocina semi expuesta, tienen una sección donde cultivan sus hierbas y brotes, muy cera a él está el horno artesanal, de donde no salen solo los platos, sino también el alimento más básico del mundo: el pan. Dentro del menú, es posible la intromisión del pan de “IK”, crocante por fuera y suave por dentro, que sale caliente para ser bañado con queso de leche de cabra.

Continuando con el menú, el ceviche no podía faltar y este es muy al estilo de la casa: ceviche a base de conchas, kiuri y mango, todo cubierto con granizado de palta y cushuro (caviar del ande). Siguen fondos calientes como el paiche sellado en olla de barro más pastel mil hojas de yuca con palmito y al lado chonta fresca laminada.

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Uno de los dulces fue la chirimoya con salsa de yogurt, encima va una salsa de lulo (fruta de la selva); entre otros detalles, la puesta en escena cierra cuando el mozo pone un arbolito con dulces y un ekeko sobre la mesa, el primero es símbolo de la “yunza” del interior del país; mientras que el segundo es una figura de la superstición popular. En este lapso de dos horas, el Perú se ha visto reflejado sobre la mesa, siendo esta una de las experiencias que recomiendo al empezar este 2017.

DETALLE

Dirección: Elías Aguirre 179 - Miraflores

Reservas: 6521692

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