Un ojo confiado y el otro bien avispado

Señoras, no seamos tontas. Puede ser que tengas al mejor novio o marido del mundo, pero no pierdas la cordura y el olfato para descrubir que te oculta algo. 

Era un día cualquiera y por una vez en la vida me levanté sin jaqueca, dolor de nuca, y cansancio. Sí, sufro de migrañas seguidas y a diferencia de los demás, mientras duermo más horas, me levanto más cansada. El día se pintaba normal. Felizmente no era jueves ni viernes, y no tenía un colorido cierre en la oficina. Y como dice la canción de fines de los ochenta "Todo estaba bien, pero llegaste tú", así apareció un mensaje: ¿Cenamos, hoy?, que me cambió el día, el humor y la perspectiva sobre un dogma en las relaciones de pareja: la confianza.

via GIPHY

NO DEJES DE LEER: La metamorfosis inevitable

Seamos honestas, una tiene diferente tipos de amigos. Algunos son solo eso y otros son los clásicos 'amigos', de esos con los que pueda surgir algo sexualmente inesperado –o repetitivo– y sabes que no afectará la amistad. Fabrizio era uno del primer grupo, de los amigos a secas. Sin comillas ni deseos entre líneas. Sus novias no eran mis amigas, pero sí nos hemos llevado bien a lo largo del tiempo. La oferta de la comida de noche me convenció y acordamos vernos solo sí después de la cena el postre sería una cerveza. En medio de las risas tímidas para no atorarme en medio de la cena –como de costumbre– lo llamaron por teléfono. No contestó. Lo llamaron otra vez. Tampoco contestó. La tercera no fue la vencida y la cuarta ocupó su lugar.

"Amor, ¿qué pasó?… Mmm ya, pero estoy lejos… Estoy con un compañero de la maestría… No lo conoces aún… Acabamos de comer y luego tomaremos unas chelas… Ya, mostro reina, me avisas", finalizó la llamada mientras yo no salía del shock traumático. WHAT? Espera ¿QUÉ? ¿COMPAÑERO DE LA MAESTRÍA? Está bien que tenga 25 años y a estas alturas mis compañeros ya estén estudiando posgrados, pero que yo recuerde aún no termino la universidad y mucho menos estoy estudiando una maestría. Entonces, ¿alguien puede decirme qué pasó? "Si le decía que estaba con una amiga, empezaba el interrogatorio, que flojera", explicó la situación. Yo me pregunto ¿la novia realmente se habrá creído el cuento que estaba con un compañero de clases? No creo ¿NO? Aunque honestamente yo creo que sí. Y es que por qué tendríamos que imaginar que nuestro chico va a mentirnos con eso. ¿Acaso hay algún problema en que vaya a cenar con una amiga?” Prefiero que esto lo respondan ustedes.

Mucho ojo, que nosotras también tenemos el olfato desarrollado cuando se trata de esas 'amigas', pero en este caso, yo no representaba ningún peligro para ellos. Jamás. Entonces recordé que esta no ha sido la primera vez que alguien ha ocultado que estaba conmigo a sus parejas. Un cuarto de siglo de vida y tengo varias profesiones. He sido el jefe de la oficina, el amigo doctor, el paciente con el que se encontró de casualidad, la prima lejana, el vecino que recién llegaba de viaje, y el compañero de maestría. ¿Gracioso? Sí. En su momento era el motivo de muchas carcajadas y hasta llegaba a entenderlos. Pero en esa cena, por primera vez, me puse en el lugar de ella y ya no me apetecía reírme.

“Tiene que haber confianza en la relación para que esta prospere", es lo que siempre se nos aconseja. Lo he escuchado de todas las personas. Y sí, es totalmente cierto. Pero tampoco debemos poner las dos manos al fuego por esa persona. A veces, el exceso de confianza nos ciega el juicio. "Ay por favor, que se va a dar cuenta, ella me ama", "Lo tengo todo controlado", "Tranquila, ella piensa que sigo en el trabajo", son las típicas frases que ellos piensan.

TE PUEDE INTERESAR: ¡Ladrones!, y así los amamos

Señoras, no seamos tontas. Puede ser que tengas al mejor novio o marido del mundo, pero no pierdas la cordura y el olfato por eso. Que el amor no te juegue en contra. Personalmente, creo que no está mal revisar el celular del otro de vez en cuando. Tampoco digo que analicen gramaticalmente cada conversación, pero una chequeadita no viene mal. Preguntemos a dónde van. Unámonos a sus reuniones de improviso. Lleguemos de sorpresa a sus trabajos. De los casos de infidelidad que conozco, el 80% lo descubrieron por fijarse en las conversaciones de Facebook y Whatssapp. Que sea una consigna tener un ojo confiado y el otro bien avispado. Y si sospechas que algo pasa, enfrenta la situación. Aunque el corazón se equivoca repetidas veces, nuestro sexto sentido le atina casi siempre.

 

 

Te puede interesar