“Mi hijo tiene 11 años y aún no me dice mamá, pero no importa”, el conmovedor testimonio de una madre

Una madre explicó en su blog que su niño aún no le puede decir "mamá", pero que su amor por él va más allá y la ha hecho reflexionar. 

Una de las cosas que esperan los padres de sus bebés es que pronuncie “papá” o “mamá”, es una satisfacción tan grande que los llena de orgullo. Sin embargo, no todos lo hacen con relativa facilidad, incluso las limitaciones para hablar son comunes y no se trata solo de ser mudo, sino de los problemas para vocalizar.

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Una madre compartió la experiencia con su hijo de 11 años, pese a que se trata ya de un niño, él aún no le dice mamá. El menor entiende parte de lo que otros le dicen, instrucciones o comentarios, sin embargo, nunca pueden estar completamente seguros de que entendió.

El pequeño es autista y solo emite sonidos vocálicos limitados de lo que necesita, la palabra “mamá” no está en esa lista, “tal vez algún día llegue a hacerlo, tal vez nunca pronuncie esa palabra”, dice la madre, quien es periodista en el portal español '20minutos'.

“Sabe además que si vocaliza fuerte, llama nuestra atención, así que si quiere que pongamos otra música o que le demos a probar lo que hay en nuestro plato, utiliza las vocales en tono de llamada. Así que yo soy “aaaaa” o “eeeee”. Igual que su padre, su hermana, sus profesores o sus abuelos”, contó.

Pero hay cosas que van más allá de las palabras, ella sabe que aunque su hijo no pueda llamarla madre, él la ama mucho y para ello no necesita decir nada.

“El pasado fin de semana no estuve a su lado. Cuando el domingo por la noche le trajeron al aeropuerto a recibirme, la sonrisa de felicidad pura que me regaló al verme después de cuatro días lejos de casa fue el detonante de un instante de perfecta alegría, de esos que hay que atesorar porque marcan la diferencia entre una vida gastada y una plena.

madre e hijo

Él no habla, pero mi corazón canta cuando veo esa sonrisa. Este fin de semana he vuelto a ausentarme, menos días, pero confío en volver a encontrar esa sonrisa y esos ojos brillantes a mi vuelta”.

Esta madre no pretende que su hijo la llame como tal y esta es su reflexión final:

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“Así que no importa que no me llame “mamá”. He aprendido a distinguir lo esencial en lo que sustentarme y a evitar los anhelos inútiles que desgastan. Sí que importa, en cambio, que está viviendo en un mundo pensado para los que hablamos sin problemas, para los que tenemos la fortuna de dominar esa magia”.

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